El artículo de Fiamma Nirenstein advierte sobre una nueva mutación del antisemitismo: ya no solo se disfraza de crítica a Israel, sino que llega al extremo de justificar al régimen iraní y a sus aliados con tal de demonizar al Estado judío. Crédito foto: Justin Tallis/AFP vía Getty Images
El terrorismo es un método diseñado para borrar al enemigo: eliminarlo, inmovilizarlo y volverlo irrelevante.
Esa fue la lógica del Holocausto. Y hoy una lógica similar se percibe en el intento de criminalizar al pueblo judío y atacarlo físicamente, del mismo modo en que se ataca al Israel.
Es un profundo error de cálculo. En lugar de debilitar a los judíos, identificarse con el Estado judío los fortalece.
Sin embargo, ha surgido un fenómeno nuevo y perturbador. El antisemitismo se multiplica mientras adopta simultáneamente una postura extraña y sorprendente: la defensa de los ayatolás.
Incluso periódicos respetados y paneles televisivos presentan al régimen iraní —y a su organización proxy Hezbolá— como víctimas del “imperialismo sionista”. Algunos medios italianos hablan ahora de un supuesto “genocidio libanés”, extendiendo la acusación a la guerra necesaria de Israel contra la agresión de Hezbolá.
Esta inversión no es nueva. Durante décadas, el antisemitismo se ha disfrazado de crítica a Israel.
Comenzó con la infame resolución de las Naciones Unidas de 1975 que declaraba que “el sionismo es racismo”. Continuó con la conferencia de Durban de 2001 y con las campañas obsesivas en la ONU, encarnadas por figuras como Francesca Albanese.
Se han gastado miles de millones promoviendo acusaciones de que Israel es colonialista, genocida y criminal.
La realidad ha sido puesta de cabeza. Israel —amenazado con genocidio durante décadas y atacado el 7 de octubre de 2023 con ese objetivo explícito, mientras Irán orquestaba la violencia— ha sido transformado en el supuesto enemigo de la humanidad.
La distancia entre presentar a los judíos como monstruos a atacarlos es muy corta.
Los ataques se están volviendo rutinarios: agresiones contra niños y madres en parques, contra personas que rezan, contra estudiantes, desde Manchester hasta Bondi y más allá.
Sin embargo, lo que todavía sorprende es la disposición a defender al régimen iraní y a Hezbolá simplemente para demonizar a Israel.
Se nos dice que Israel arrastró a Donald Trump a la guerra. Que los rabinos son responsables. Que Benjamín Netanyahu es el culpable. Y algunos comentaristas incluso se preguntan si los ayatolás eran realmente tan peligrosos después de todo.
No importan los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica, las pruebas de uranio enriquecido ni las propias declaraciones del régimen.
Así, el régimen más brutal de Medio Oriente —un régimen que viola todos los derechos humanos— se convierte en un pilar del nuevo antisemitismo porque ataca a Israel. El odio a los judíos se fusiona perfectamente con el antiamericanismo.
La guerra ha encendido este fenómeno. Los ataques contra instituciones judías se han sucedido uno tras otro en Europa y Norteamérica.
En Amsterdam, una escuela judía fue bombardeada. En Lieja, una sinagoga fue atacada. Hubo incidentes en Grecia y Rotterdam. En Michigan, un terrorista libanés intentó masacrar a niños en el jardín de infancia de una sinagoga antes de suicidarse. Toronto presenció ataques contra la sinagoga Beth Avraham y la congregación Shaarei Shomayim.
Las comunidades judías en todo el mundo han sido advertidas de que podrían ser objetivo de ataques. Se les aconseja quitarse la kipá y las Estrellas de David y evitar revelar sus movimientos.
El odio se asemeja a la explosión de antisemitismo que siguió al 7 de octubre de 2023. Combina propaganda islamista con elementos de la política radical de izquierda —activistas, colectivos radicales, predicadores salafistas y chiíes— alimentados por dinero, ideología e intereses políticos.
Tal como ocurrió después del 7 de octubre, la actual ola de antisemitismo que recorre el mundo ignora por completo la naturaleza del enemigo de Israel: su crueldad, la muerte de decenas de miles de sus propios ciudadanos, la persecución de mujeres disidentes y de personas homosexuales, y su histórico liderazgo en el terrorismo internacional.
Niega lo que el propio régimen iraní ha declarado repetidamente: su intención de destruir a Israel, a Estados Unidos y a Occidente, y su uso del chantaje nuclear como amenaza estratégica.
En ese sentido, esta nueva forma de antisemitismo es aún más inquietante que la que se oculta detrás de la defensa de los palestinos. Ahora va más allá: busca preservar y legitimar el propio régimen de los ayatolás.
Irán se ha organizado rápidamente como actor central en esta campaña. Informes indican coordinación detrás de ataques contra comunidades judías.
Sin embargo, quienes fomentan el antisemitismo en la política y en los medios se niegan a reconocer esta realidad. Fieles a la tradición, culpan a los judíos.
Pero lo que enfrentamos hoy es un movimiento amplio y violento. Debe ser confrontado antes de que también consuma a otros.
Los judíos ya lo entienden.
Y esta vez, no serán tomados por sorpresa.
*Fiamma Nirenstein es una periodista italo-israelí, autora e investigadora principal del Centro de Seguridad y Asuntos Exteriores de Jerusalén (JCFA). Asesora sobre antisemitismo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, fue vicepresidenta del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento italiano (2008-2013). Miembro fundador de la Iniciativa Amigos de Israel, ha escrito 15 libros, entre ellos 7 de octubre, Antisemitismo y la guerra contra Occidente, y es una voz destacada en temas de Israel, Medio Oriente, Europa y la lucha contra el antisemitismo.